Editorial 82

  

                                              120  DESILUSIONES

 José Soler Carnicer Podríamos decir que València se divide en dos bandos: los falleros y los antifalleros, es decir, aquellos que aman y disfrutan de la fiesta, la mantienen y la propagan y,  en el lado contrario, los que no están dispuestos a soportar las incomodidades, que las hay, y abandonan, si pueden,  la ciudad durante esos días. Pero eso no ocurre solamente aquí y lo hemos podido comprobar en muchos lugares, como en Pamplona por ejemplo, durante los Sanfermines.

  Nosotros pertenecemos al primer bando y respetamos  los sentimientos contrarios. Pero es evidente la incuestionable participación ciudadana en la fiesta fallera y la importancia que esta tiene en todos los aspectos: social porque sirve de punto de contacto y convivencia durante todo el año, en unas más y en otras menos,  en las casi cuatrocientas comisiones  establecidas en la ciudad; económico por el gasto que generan, no solo en la construcción del monumento y la pirotécnia, al que se debe sumar la restauración y las artes gráficas, que suponen una importante partida.

  Prueba de este movimiento vecinal se está comenzando a vivir en todas las comisiones con la elección de la Fallera Major de València, mayor e infantil, y sus Cortes de Honor: 26 designaciones a las que pueden aspirar todas las comisiones.

 Salir elegidas es entrar en un mundo nuevo para casi todas ellas: viajes, visitas, obsequios, ser recibidas y compartir momentos con las máximas autoridades, estar en el balcón del Ajuntament y lugares destacados. Y no digamos cuando  dos de ellas reciben la banda de Fallera Major, cosa nada fácil.

 Las 146 aspirantes son sometidas a una serie de pruebas, ejercicios de toda clase y exámenes en los que deben demostrar su cultura, dominio de nuestra lengua, simpatía y donaire amén, claro está, de poseer unos atractivos dones naturales. Una Comisión o Jurado las somete a muy distintas pruebas y  una  sesión tras otra van siendo eliminadas las menos favorecidos con estos dones, hasta llegar al mítico número de 26, que supone a la vez 120 desilusiones.

 Luego vendrá el último tramo. El nombramiento de Falleres Majors de València. Pero esa es ya otra historia. Nosotros lo que hemos querido resaltar con esta faceta es  lo encarnada que está la fiesta en la ciudad.

                                                                                       José Soler Carnicer